La publicidad y la literatura han ido mostrando una estrecha relación a lo largo de su historia. Hemos de aclarar que al referirnos al término 'publicidad' estamos hablando de la publicidad comercial, nacida en el siglo XIX junto con el boom de los medios de comunicación de masas. En los siglos anteriores no existía la publicidad propiamente dicha, sino que los productos eran "anunciados" o dados a conocer mediante el boca a boca en las calles o en los comercios.
Antes de que existiera la publicidad, se conocía el término 'propaganda', originario del verbo propagar o difundir y en un principio término de connotaciones religiosas. Esto nos hace intuir que, en un inicio, la propaganda - y después la publicidad - tenía como finalidad vender ideologías, tanto religiosas como políticas.
En este aspecto podemos relacionar la literatura y la propaganda, pues la propaganda se ha valido en numerosas ocasiones de recursos literarios para lograr sus fines; y mucha literatura se ha realizado con fines propagandísticos. Como ejemplo de ello podemos nombrar la Eneida de Virgilio, en la que se nos cuenta la historia de Eneas, héroe de la guerra de Troya, con el objetivo de elogiar al emperador Augusto y a su poder.
En la literatura española, podemos poner como ejemplo de literatura propagandística a gran parte de la realizada durante la Guerra Civil (1936-39). En ella, ambos bandos utilizaban la literatura como vehículo para vender sus ideas, con nombres como Miguel Hernandez en el bando republicano o el Poema de la Bestia y el Ángel, de José María Pemán en el bando contrario, que trata de glorificar España aludiendo a acciones de siglos pasados que él considera hazañas, como la expulsión de los judíos por parte de la reina Isabel I.
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