domingo, 12 de enero de 2014

Antología poemas XXI (canción): La parte de adelante (Andrés Calamaro)

Soy vulnerable a tu lado mas amable,
soy carcelero de tu lado mas grosero,
soy el soldado de tu lado mas malvado,
el arquitecto de tus lados incorrectos.

Soy propietario de tu lado mas caliente,
soy dirigente de tu parte mas urgente,
soy artesano de tu lado mas humano,
y el comandante de tu parte de adelante.

Soy inocente de tu lado mas culpable,
pero el culpable de tu lado mas caliente,
soy el custodio de tus rafagas de odio,
el comandante de tu parte de adelante.

Perdiendo imagen a tu lado estoy mi vida
mañana sera un nuevo punto de partida
soy vagabundo de tu lado mas profundo
por un segundo de tu cuerpo doy el mundo.

Que más quisiera que pasar la vida entera,
como estudiante el dia de la primavera,
siempre viajando en un asiento de primera,
el comandante de tu balsa de madera.

Que más quisiera que pasar la vida entera,
como estudiante el dia de la primavera.
Siempre viajando en un asiento de primera,
el carpintero de tu balsa de madera.

Soy el soldado de tu lado malvado,
el comandante de tu parte de adelante...

Perdiendo  imagen a tu lado estoy mi vida...
mañana sera un nuevo punto de partida.
Soy vagabundo de tu lado mas profundo
por un segundo de tu cuerpo doy el mundo.

Que más quisiera que pasar la vida entera,
como estudiante el dia de la primavera.
Siempre viajando en un asiento de primera,
el comandante de tu parte de adelante

Que mas quisiera que pasar la vida entera
como estudiante el dia de la primavera
Siempre viajando en un asiento de primera,
el mejor carpintero de tu balsa de madera.

Soy el soldado de tu lado malvado,
el comandante de tu parte de adelante...

Soy el soldado de tu lado malvado,
y el comandante ...

Solo estoy solo y estoy buscando ese alguien que 
me esta esperando, que me entienda y si no me entiende,
alguien que me comprende, alguna a quien recordar de 
memoria, cuando estoy de viaje cuando estoy muy lejos si...
Soy un vagabundo y camino bastante al rededor del mundo,
pero quiero volver a mi casa, a alguna casa,
para encontrar a esa princesa vampira, que respira
que respira y me mira.

Antología poemas XX: Despedida (José Luis Borges)

Entre mi amor y yo han de levantarse 
trescientas noches como trescientas paredes 
y el mar será una magia entre nosotros. 

No habrá sino recuerdos. 
O tardes merecidas por la pena, 
noches esperanzadas de mirarte, 
campos de mi camino, firmamento 
que estoy viendo y perdiendo... 
Definitiva como un mármol 
entristecerá tu ausencia otras tardes.

Antología poemas XIX: Amor y catarros (Carlos Salem)

Hoy prometí no escribirte ningún poema
para que la costumbre no esconda a la sorpresa,
vuelvas a revisar tu móvil con intriga
y te sientas otra vez, la cazadora y  la presa.

Hoy es domingo y tuve fiebre y algún miedo,
y el gato sin ganas de jugar y el café me sabía a calendario.
Hoy me dije que no debía decirte tanto y convertir la interrogación
en un anzuelo para pescarte el corazón y masticarlo.

Hoy me desperté prudente, timorato, conciente de mis años,
memorioso de mis  viejos fracasos programados.
Hoy fui un hombre normal durante un rato,
un fiable comprador de algo que nunca había necesitado.

Hoy, durante un par de horas, me di asco.

Pero luego recordé que te traías esta tarde,
con los ojos llenos de preguntas cuyas respuestas sabes,
con esa temerosa decisión irrevocable
que me borra cicatrices y me escribe lo importante.

Y me dije que te traes por razones
que no alcanzo a entender pero merezco,
que toda fiebre que no sea de ti es pasajera,
y no me corresponde ser normal, solo ser cierto.

En fin, es lo que tienen el amor y los catarros:
unos te hacen sentir al borde de la muerte,
el otro buscar el filo de la vida y afilarlo.

Ah, y el poema que no debía escribirte es éste.
Mira en tu móvil,
acabo de enviarlo.

Antología XVIII: Veintiún poemas de amor III (Adrienne Rich)

Porque ya no somos jóvenes, las semanas han de bastar
por los años sin conocernos. Sólo esa extraña curva
del tiempo me dice que ya no somos jóvenes.
¿Caminé yo acaso por las calles en la madrugada, a los veinte,
con la piernas temblándome y los brazos en éxtasis más pleno?
¿Acaso me asomé por alguna ventana buscando la ciudad
atenta al futuro, como ahora aquí, esperando tu llamada?
Con el mismo ritmo tú te aproximaste a mí.
Son eternos tus ojos, verde destello
de hierba salvaje refrescada por la vertiente.
Sí. A los veinte creíamos ser eternas.
A los cuarenta y cinco deseo conocer incluso nuestros límites.
Te acaricio ahora, y sé que no nacimos mañana,
y que de algún modo tú y yo nos ayudaremos a vivir,
y en algún lugar nos ayudaremos tú y yo a morir.

Antología poemas XVII: Que el amor no admite cuerdas reflexiones (Rubén Darío)

Señora, Amor es violento, 
y cuando nos transfigura 
nos enciende el pensamiento 
la locura. 

No pidas paz a mis brazos 
que a los tuyos tienen presos: 
son de guerra mis abrazos 
y son de incendio mis besos; 
y sería vano intento 
el tornar mi mente obscura 
si me enciende el pensamiento 
la locura. 

Clara está la mente mía 
de llamas de amor, señora, 
como la tienda del día 
o el palacio de la aurora. 
Y el perfume de tu ungüento 
te persigue mi ventura, 
y me enciende el pensamiento 
la locura. 

Mi gozo tu paladar 
rico panal conceptúa, 
como en el santo Cantar: 
Mel et lac sub lingua tua. 
La delicia de tu aliento 
en tan fino vaso apura, 
y me enciende el pensamiento 
la locura.

Antología poemas XVI: Te quiero (Mario Benedetti)

Tus manos son mi caricia, 
mis acordes cotidianos;
te quiero porque tus manos 
trabajan por la justicia.

Si te quiero es porque sos 
mi amor, mi cómplice y todo, 
y en la calle codo a codo 
somos mucho más que dos.

Tus ojos son mi conjuro 
contra la mala jornada,
te quiero por tu mirada 
que mira y siembra futuro. 

Tu boca que es tuya y mía,
tu boca no se equivoca,
te quiero porque tu boca 
sabe gritar rebeldía.

Si te quiero es porque sos 
mi amor, mi cómplice y todo, 
y en la calle codo a codo 
somos mucho más que dos.

y por tu rostro sincero 
y tu paso vagabundo 
y tu llanto por el mundo 
porque sos pueblo te quiero 

y porque amor no es aureola 
ni cándida moraleja 
y porque somos pareja 
que sabe que no está sola 

te quiero en mi paraíso 
es decir que en mi país 
la gente viva feliz 
aunque no tenga permiso 

si te quiero es porque sos 
mi amor mi cómplice y todo 
y en la calle codo a codo 
somos mucho más que dos.

Antología poemas XV: Se querían (Vicente Aleixandre)

Se querían.
Sufrían por la luz, labios azules en la madrugada,
labios saliendo de la noche dura,
labios partidos, sangre, ¿sangre dónde?
Se querían en un lecho navío, mitad noche, mitad luz.

Se querían como las flores a las espinas hondas,
a esa amorosa gema del amarillo nuevo,
cuando los rostros giran melancólicamente,
giralunas que brillan recibiendo aquel beso.

Se querían de noche, cuando los perros hondos
laten bajo la tierra y los valles se estiran
como lomos arcaicos que se sienten repasados:
caricia, seda, mano, luna que llega y toca.

Se querían de amor entre la madrugada,
entre las duras piedras cerradas de la noche,
duras como los cuerpos helados por las horas,
duras como los besos de diente a diente solo.

Se querían de día, playa que va creciendo,
ondas que por los pies acarician los muslos,
cuerpos que se levantan de la tierra y flotando...
Se querían de día, sobre el mar, bajo el cielo.

Mediodía perfecto, se querían tan íntimos,
mar altísimo y joven, intimidad extensa,
soledad de lo vivo, horizontes remotos
ligados como cuerpos en soledad cantando.

Amando. Se querían como la luna lúcida,
como ese mar redondo que se aplica a ese rostro,
dulce eclipse de agua, mejilla oscurecida,
donde los peces rojos van y vienen sin música.

Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios,
ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,
mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal,
metal, música, labio, silencio, vegetal,
mundo, quietud, su forma. Se querían, sabedlo.